Autora: Stefanía Vega, antropóloga
Magíster en Investigación en Ecología Política
y alternativas al desarrollo
Reconozcámoslo o no, cuando el mundo corporativista proyecta su territorio ideal, ese proyecto, es muy alejado al imaginario que construimos las personas que habitamos dichos territorios. Pues las corporaciones (o empresas) ambicionan un territorio máquina, en el que al final del día todo se pueda traducir en productividad y ganancias, pero claro, no ambicionan ganancias colectivas, ni filantrópicas; sino ganancias cuantificables en dinero a merced de un beneficio individual (o corporativo), sin considerar la interdependencia ecológica que permite nuestra existencia.
«Ficcionan salidas tecnológicas ante males propios de un planeta finito expuesto a infinitas proyecciones e intervenciones bajo este modelo de acumulación y explotación, como es la acelerada catástrofe ambiental global»
Imaginan en cambio que nuestra interdependencia puede ser, de cierto modo reemplazada con elementos tecnológicos, controlados por unos pocos. En esto no hay nada nuevo, las características cyborg de los territorios intervenidos tecnológicamente nos habitan latamente, tal como lo ha expuesto D. Haraway, sin embargo, su expansión está cada vez más desbordada, en tanto ficcionan salidas tecnológicas ante males propios de un planeta finito expuesto a infinitas proyecciones e intervenciones bajo este modelo de acumulación y explotación, como es la acelerada catástrofe ambiental global.
A continuación, ejemplificaré esta idea de territorio cyborg en la comuna de Arauco. Donde el imaginario corporativista ha transformado de manera abrumadora este lugar, por medio de plantaciones forestales, las cuales comenzaron con paños de tierra destinados a dicho monocultivo, y que DL701 mediante, terminó arrasando prácticamente con todo el bosque nativo, no sólo de la comuna, sino que de esta y otras regiones (El Maule, La Araucanía, Los Ríos). En la actualidad el 65,7% de la superficie total de la comuna está forestada, sin embargo, con algo más que osadía, y el apoyo de algunas instituciones y leyes, se terminó reconociendo oficialmente a las plantaciones como bosques.

Asimismo, el proyecto corporativista no ha escatimado en rentabilizar el viento por medio de numerosos proyectos de centrales eólicas en carpeta. Para, según dicen, contribuir a la generación de energía limpia. Si bien es cierto que la energía eólica reduce las emisiones de CO2, cabe problematizar la escala en la que estos proyectos se promueven. Considerando además la serie de minerales que utilizan las baterías de almacenamientos, así como la tala de árboles para las azas de los molinos (1), y junto con ello, la agobiante transformación de la vida de quienes habitan en las proximidades de estas torres, quienes además son atravesados por la transformación de su paisaje cotidiano, pero que curiosamente dichos espacios son nombrados como parques, parques eólicos.
Solo entre las comunas de Arauco y Curanilahue se pretende, por medio de los proyectos Viento Sur y Vientos del Pacífico, la instalación de alrededor de 73 torres, de 90 metros de altura, en el borde costero cuyo trazado irrumpe incluso en medio del cementerio Los Huapes, perteneciente a comunidades mapuche del territorio.
Estas centrales, hacen parte de un complejo mucho mayor que en conjunto conforman la tan anhelada (para el mundo corporativista) carretera eléctrica, en la que el Grupo Angelini tiene alta injerencia, no sólo por ser propietario de celulosa Arauco, y el proyecto eólico Viento Sur (con 43 torres), sino que por ser articuladores de una agenda que se plantea en una alta esfera tecno-certificada, la cual por medio de su proyecto de Modernización y Ampliación de Planta Arauco, conocido como MAPA, busca triplicar su producción de celulosa, hasta llegar a las 2.100.000 toneladas al año, lo que sin duda exige un alto consumo de energía y biomasa forestal.
Aquello que promueven como tecnológicamente eficiente termina por romper -más temprano que tarde- nuestros históricos modos de sostenimiento, y junto con ello, transforma ciclos naturales de un modo cada vez más irreversible para nuestra humana escala de tiempo».
Sin embargo, a fin de enverdecer su impacto, propone impulsar la generación de combustible sintético (e-fuels) producido por medio de la combinación entre el dióxido de carbono capturado por las plantaciones forestales e hidrógeno verde. Añadiendo con ello, dos de los más recientes bastiones del capitalismo verde, como son el hidrógeno verde y el combustible sintético, los cuales no constituyen una real solución a las problemáticas que busca resolver, por poseer una baja eficiencia y precisar de una alta cantidad de energía renovable, junto con un alto consumo de agua.
Adicionalmente a ello, este terrorífico sueño corporativista busca expandir sus redes eólicas hacia el mar de Arauco, y transformar con ello la icónica imagen de decenas de lanchas de pescadores artesanales que cotidianamente van mar adentro en busca de especies pelágicas y mariscos bentónicos que allí se reproducen, donde sólo para graficar el peso que posee la pesca artesanal en el territorio: “En el cuarto trimestre 2025, el desembarque total nacional [fue] de 648.139 t, del cual la región del Biobío aportó el 56,9% (primer lugar a nivel país) (2).
De ser aprobadas estas proyecciones, el Golfo de Arauco (maritorio) quedaría plagado de centrales eólicas, que, en su hiperbólica escala, buscan la instalación de 7 proyectos en el mar, cuyos nombres intentan reemplazar las toponimias e imaginarios construidos por sus habitantes (Golfo de Arauco, Bíobío II, Santa María, Espejo de Agua, Brisas Marinas, Viento Azul, Agua Azul) a cambio de máquinas, baterías y cables, que en unos años habrán acabado con las distintas economías, que aún logran sostenerse más allá de la forestal/celulosa, que por más verde que se plantee no deja contribuir a la extinción de la biodiversidad, irrupción de las cientos de aves que año a año viajan hasta sus humedales, especialmente el Tubul-Raqui, agudiza la sequía en cada territorio, en conjunto con el empobrecimiento de sus habitantes.
El pasado jueves 5 de noviembre, en una sesion no vinculante la Comision Regional de Uso del Borde Costero (CRUBC), revisó los proyectos marinos: Brisas Marinas y Espejo de Agua, los cuales fueron rechazados por la totalidad de alcaldes presentes, además de representantes de recolectoras de algas, dirigentes de la pesca artesanal y el pueblo mapuche, mientras que el proyecto Santamaría fue previamente desistido.
Ahora queda esperar la decisión de la Subsecretaría de Fuerzas Armadas, que es el organismo que deberá considerar este rechazo a la hora de tomar una decisión sobre el destino del Golfo de Arauco.
Por tanto, aquello que promueven como tecnológicamente eficiente termina por romper -más temprano que tarde- nuestros históricos modos de sostenimiento, y junto con ello, transforma ciclos naturales de un modo cada vez más irreversible para nuestra humana escala de tiempo.
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1) https://pactoecosocialdelsur.com/manifiesto-por-una-transicion-energetica-ecosocial-desde-los-pueblos-del-sur
2) https://www.sernapesca.cl/app/uploads/2026/01/boletin_sectorial_region_del_biobio_-_4to_trimestre_2025.pdf
